Tecnólogia en el mundo.
lunes, 28 de enero de 2013
lunes, 14 de enero de 2013
La tecnología en la industria textil.
La industria textil es una de las más antiguas del mundo y se considera de las primeras ocupaciones del hombre en sociedades organizadas por tener un papel protagónico en la Revolución Industrial. El comercio de los productos textiles se ha extendido durante siglos, primero entre las principales civilizaciones existentes y luego entre los países que lograron desarrollar esta industria a partir de las posibilidades reales de obtener o importar la materia prima para lograr los tejidos; y en la actualidad no se concibe el desarrollo futuro sin la industria textil donde los países en vía de desarrollo han alcanzado cierto protagonismo.
La introducción de los adelantos tecnológicos en esta industria ha sido definitivo ya que a partir de la invención del ordenador, se han podido desarrollar una serie de herramientas que facilitan y ahorran tiempo tanto en el diseño como en el proceso producción de textiles y en la confección de las prendas a partir de ellos.
Las compañías textiles generan cientos de documentos en un solo día, como órdenes de compra, facturas, patrones de diseño, etiquetas, para lo cual la tecnología documental proporciona soluciones ágiles que permiten diseñar y generar toda clase de documentos en un tiempo mínimo. Con el software, los documentos generados deben ser enviados a multitud de proveedores, fabricantes o distribuidores con los que la empresa textil trabaja y, en consecuencia, dispone de múltiples canales de comunicación, por lo tanto, automatizar estos procesos con software documental es de vital importancia, con el fin de reducir los costos.
Existen diversos factores a tener en cuenta: normalmente, las etiquetas se imprimen para ser incorporadas a las prendas textiles, los patrones de diseño se envían por email y los proveedores con los que trabajamos prefieren que les mandemos las facturas por fax, incluso, quieren tener la posibilidad de visionar esos documentos.
La introducción de los adelantos tecnológicos en esta industria ha sido definitivo ya que a partir de la invención del ordenador, se han podido desarrollar una serie de herramientas que facilitan y ahorran tiempo tanto en el diseño como en el proceso producción de textiles y en la confección de las prendas a partir de ellos.
Las compañías textiles generan cientos de documentos en un solo día, como órdenes de compra, facturas, patrones de diseño, etiquetas, para lo cual la tecnología documental proporciona soluciones ágiles que permiten diseñar y generar toda clase de documentos en un tiempo mínimo. Con el software, los documentos generados deben ser enviados a multitud de proveedores, fabricantes o distribuidores con los que la empresa textil trabaja y, en consecuencia, dispone de múltiples canales de comunicación, por lo tanto, automatizar estos procesos con software documental es de vital importancia, con el fin de reducir los costos.
Existen diversos factores a tener en cuenta: normalmente, las etiquetas se imprimen para ser incorporadas a las prendas textiles, los patrones de diseño se envían por email y los proveedores con los que trabajamos prefieren que les mandemos las facturas por fax, incluso, quieren tener la posibilidad de visionar esos documentos.
Música y tecnología
La música se ha transformado. La manera de hacer y de escuchar música ha cambiado con el uso de la tecnología. La actual música electrónica, surgida a principios del siglo veinte, se sirve de máquinas, capaces de producirla de tal manera, que resulta imposible ejecutarla humanamente.Sin embargo mucha de esta música ya no expresa nada, ni es agradable a los sentidos, ni toca los sentimientos. Entonces, ¿Qué es lo que hay detrás, en las profundidades de la mente humana que la impulsa a seguir el camino de la tecnología?¿Cuál es la razón, la justificación de que el hombre actual prefiera hacer y escuchar música tecnologizada, música electrónica?
Tecnología Es común asociar el término tecnología con instrumentos o cosas que nos facilitan nuestras actividades diarias: aparatos electrodomésticos, transporte, comunicaciones masivas etc. La humanidad siempre ha buscado hacer de su vida algo más sencillo y confortable. Se sirve de la tecnología. El hombre es tecnología. La tecnología hace tecnología. La tecnología se ha posesionado de todo, entre ello, de la música.
La palabra Tecnología, proviene de la contracción entre los vocablos griegos: Techne y logos.
En primer lugar, Techne, implica la comprensión de los principios del conocimiento[1], para hacer o fabricar algo”[2]. De esta palabra, se derivan Arte y Técnica. Por un lado el Arte es una actividad, habilidad o profesión creadora, que pretende expresar, compartir, despertar y tocar la emoción estética en el otro; la sensibilidad de quien esta expuesto a esa obra, y entiéndase por sensibilidad tanto a los sentidos, como a los sentimientos afectados por esta experiencia. La Técnica es algo más individual, su finalidad es alimentada por un cierto egoísmo, el sujeto no busca como en el arte compartir, sino controlar en lo más posible a la naturaleza para lograr un estado de bienestar. Ortega y Gasset dice de la técnica que es, “la adaptación del medio al sujeto”, (Ortega y Gasset, 1965. Pp 23)
En segundo lugar Logos, significaba “palabra”, “razón”, u “orden”. Decimos que la cultura occidental se ha desarrollado en y por el Logos. De el proviene la Lógica, el razonamiento claro y evidente, el proceso intelectual por la cual se ordenan los conceptos. La identidad, exclusión y tercero excluido, l tres leyes del pensamiento lógico que permiten percibir y discernir al mundo tal y como es, sin contradicciones. De la lógica es fácil y en ocasiones inevitable pasar a la matemática. Las reglas de una son aplicables a otra. Una con juicios sintéticos a priori, otra con juicios matemáticos, también a priori: meras formas vacías, listas para ser llenadas, cuyo objetivo común es la identidad, la tautológica. Sin decir absolutamente nada de la realidad empírica, donde no hay nada igual.Logos tambien al lenguaje. Logos también es palabra. Lenguaje, lengua hablada o escrita. La historia de la cultura occidental, busca a partir de la lengua discernir la esencia del mundo. Se pregunta ¿Qué es el mundo, que es la humanidad? Busca la palabra de las palabras, pero al hacerlo, se aleja de su objetivo, se particulariza; mientras el lenguaje se despliega en toda la naturaleza y nos muestra sus signos en lo físico, psíquico, individual o social. La lengua humana, solo logra balbucear descripciones de lo que el mundo es. Ya lo advertía Russel, “Se ha confundido a los nombres con las descripciones”.Tras el concepto tecnología se esconde toda una manera de ver al mundo, toda una manera de conducirse en él: Hacer de la vida algo sencillo, confortable, con bienestar y control de la naturaleza. Dárle un sentido al mundo. Imponer signos que no dicen nada de la realidad . Con la tecnología, “el hombre se esfuerza en ahorrar esfuerzos”, (Ortega y Gasset, 1965. 24)
Se parece a la episteme, excepto que esta busca el conocimiento por el conocimiento mismo, la comprensión desinteresada.Runes, D. Dagobert, Diccionario de filosofía. Ed. Grijalbo, México, 1981. Pp 263. Las computadoras funcionan con un código binario 0-1. que era un instrumento gigantesco con especies de trompetas a manera de altavoces con el que pretendía producir una variedad de ruidos infinita Russolo, “El arte de los ruidos. Manifiesto Futurista, 1913” en Web. Aunque tal vez, la idea de que la música debe significarnos algo, es nuestro propio engaño, un pretexto y una justificación para seguir usando la tecnología, para encontrarle el sentido a la escena, en este teatro de la vida.Bibliografía.Runes, D. Dagobert, ”Diccionario de filosofía”. Ed. Grijalbo, México, 1981Russolo, “El arte de los ruidos. Manifiesto Futurista, 1913” en Web.Russel, Bertrand, “Escritos Básicos”, Web.Ortega y Gasset, José, “Meditación sobre la técnica”, Espasa Calpe, 1965.
Según:Josué Peñaloza
Blog: http://musicaytecnologia.blogspot.com/
lunes, 10 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Tecnología de los alimentos.
Es la ciencia que se encarga de estudiar y garantizar la calidad microbiológica, física y química de los productos alimenticios en todas las partes del proceso de elaboración (proceso, empaque y embarque), así como durante la fase de cocción. Se encarga del desarrollo de nuevos productos a través de la aplicación de novedosas tecnologías y la utilización de materias primas tradicionales y no tradicionales, dependiendo de las características del país y su población. Se trata de una ciencia diferente de la Nutriología. Hoy en día es un área de investigación en nutrición espacial.
Según: Wikipedia
Tecnología y medicina
"Las razones por las cuales el conocimiento médico se ha expandido con celeridad son múltiples. Sobresale una: de todos los científicos con que ha contado la humanidad en su historia más de la mitad están vivos y ejercen actualmente. La reproducción de la sabiduría médica no sólo es geométrica; es más precisa y más fina. Estoy seguro de que si algún científico de mediados del siglo pasado se asomara a lo que sucede en la actualidad, tanto en los laboratorios médicos como en los de biotecnología, su admiración y sorpresa no serían menores que la que experimentó Phileas Fogg, el personaje de Julio Verne, durante La vuelta al mundo en ochenta días. Aunque las figuras de Verne también enfrentan dilemas éticos, los que plantea la tecnología médica son más complejos por ser más veraces que las preguntas de la ciencia ficción.
No sobra repetir que el conocimiento y la tecnología en medicina no son ni buenos ni malos. Puede ser “mala” la forma en que se obtienen o inadecuadas las vías por medio de las cuales se ejercen. Los juicios morales sólo se aplican a los seres humanos; son los usos de la tecnología los que están sujetos a la polaridad axiológica de bueno o malo. La cuestión central es clara: debe existir un balance entre tecnología y ética.
Los eticistas contemporáneos bregan por encontrar ese equilibrio. El dilema es el siguiente: el conocimiento avanza sin cesar y es probable que sea ilimitado; pocas veces los científicos detienen su trabajo para preguntarse si tiene o no sentido seguir investigando. Los eticistas cuestionan esa realidad; saben que el conocimiento (y la tecnología) puede ser ilimitado, pero se preguntan si es ético investigar todo lo que se desea estudiar.
A ese embrollo debe agregarse otro avatar vinculado con la justicia distributiva. A pesar de que su tratamiento no es oneroso, algunas enfermedades como la tuberculosis o la malaria matan a millones de personas en el mundo; lo mismo sucede con la desnutrición. Las víctimas pertenecen a los estratos socioeconómicos inferiores. Esa realidad choca con el inmenso costo de la biotecnología y sus productos. La mayoría de la humanidad no tiene acceso a ella. La diatriba, por supuesto retórica, descansa en el tejido de las prioridades: ¿cómo conciliar los costos que implican los avances biotecnológicos con las muertes por inanición o por falta de medicamentos? La realidad, ajena a la retórica, se lee en el mapamundi humano: el acceso a las bonanzas de la tecnología profundiza la brecha entre ricos y pobres, entre estar sano o enfermo, entre tener suerte y participar en la construcción del mundo o ser solamente un observador del movimiento.
La tecnología sorprende por la fascinación que produce y por su fuerza diagnóstica y terapéutica. Utilizarla parece obligado. En la medicina privada, quien no lo hace queda fuera del juego de la modernidad científica y marginado de los beneficios económicos que supone explotarla. Ese juego, muchas veces insano, genera otro problema inmenso. Aleja al médico del paciente y atenta contra el corazón de la medicina: la relación médico-paciente.
Francis Weld Peabody, eminente médico y humanista estadounidense, dijo en 1925, durante un discurso a sus alumnos de Harvard: “The secret of the care of the patient is in caring for the patient”, cuya traducción más apropiada sería: “El secreto en el cuidado del paciente radica en preocuparse por el paciente.” La vieja idea de Peabody es cada día más nueva y más vigente. El uso indiscriminado y exagerado de la tecnología médica incrementa la brecha entre doctor y enfermo, descuida los significados del término cuidar y merma, en aras del glamour y de los incentivos económicos, la lealtad hacia el enfermo, principio inequívoco de la profesión médica.
Otros problemas no menos importantes afloran cuando los doctores, en lugar de escuchar a los enfermos, solicitan exámenes ad nauseam, ya sea para esconder su incapacidad, para enriquecerse o para seguir los dictados de las grandes industrias y corporaciones hospitalarias. No es infrecuente, sobre todo cuando se realizan sin razones justificadas, que esos estudios causen daño –iatrogenia– o que se encuentren alteraciones que nada tienen que ver con el problema del enfermo y que seguramente serán motivo de nuevos exámenes y de la participación de más doctores en el estudio del enfermo. No en balde Molière utilizó en El enfermo imaginario su fina ironía: “¿Qué necesidad hay de cuatro médicos si con uno es suficiente para matar al paciente?” La espiral diagnóstica, aupada por las ofertas tecnológicas, puede no tener fin y sus resultados no ser necesariamente los adecuados.
La tecnología no es ni buena ni mala. Es neutra. Su uso debe ser racional y correcto. La ética aplicada a ella y al enfermo es inmejorable antídoto contra el mal uso que se le da y conciencia para impedir que la tecnología le gane la carrera al humanismo. La presión que ejercen quienes producen tecnología ha devenido en nuevas patologías que buscan convertir al sano en enfermo, a los síntomas en enfermedad y a los poco enfermos en muy enfermos. Regresar a los orígenes de la profesión no implica alejarse de las bonanzas de la medicina. Implica tratar y ocuparse de la persona y no de la enfermedad, porque, al igual que Phileas Fogg, viajero incansable, la obligación del médico es descubrir lo que siente la persona y no lo que dicta la tecnología médica. "
Según: Arnoldo Kraus de www.letraslibres.com
No sobra repetir que el conocimiento y la tecnología en medicina no son ni buenos ni malos. Puede ser “mala” la forma en que se obtienen o inadecuadas las vías por medio de las cuales se ejercen. Los juicios morales sólo se aplican a los seres humanos; son los usos de la tecnología los que están sujetos a la polaridad axiológica de bueno o malo. La cuestión central es clara: debe existir un balance entre tecnología y ética.
Los eticistas contemporáneos bregan por encontrar ese equilibrio. El dilema es el siguiente: el conocimiento avanza sin cesar y es probable que sea ilimitado; pocas veces los científicos detienen su trabajo para preguntarse si tiene o no sentido seguir investigando. Los eticistas cuestionan esa realidad; saben que el conocimiento (y la tecnología) puede ser ilimitado, pero se preguntan si es ético investigar todo lo que se desea estudiar.
A ese embrollo debe agregarse otro avatar vinculado con la justicia distributiva. A pesar de que su tratamiento no es oneroso, algunas enfermedades como la tuberculosis o la malaria matan a millones de personas en el mundo; lo mismo sucede con la desnutrición. Las víctimas pertenecen a los estratos socioeconómicos inferiores. Esa realidad choca con el inmenso costo de la biotecnología y sus productos. La mayoría de la humanidad no tiene acceso a ella. La diatriba, por supuesto retórica, descansa en el tejido de las prioridades: ¿cómo conciliar los costos que implican los avances biotecnológicos con las muertes por inanición o por falta de medicamentos? La realidad, ajena a la retórica, se lee en el mapamundi humano: el acceso a las bonanzas de la tecnología profundiza la brecha entre ricos y pobres, entre estar sano o enfermo, entre tener suerte y participar en la construcción del mundo o ser solamente un observador del movimiento.
La tecnología sorprende por la fascinación que produce y por su fuerza diagnóstica y terapéutica. Utilizarla parece obligado. En la medicina privada, quien no lo hace queda fuera del juego de la modernidad científica y marginado de los beneficios económicos que supone explotarla. Ese juego, muchas veces insano, genera otro problema inmenso. Aleja al médico del paciente y atenta contra el corazón de la medicina: la relación médico-paciente.
Francis Weld Peabody, eminente médico y humanista estadounidense, dijo en 1925, durante un discurso a sus alumnos de Harvard: “The secret of the care of the patient is in caring for the patient”, cuya traducción más apropiada sería: “El secreto en el cuidado del paciente radica en preocuparse por el paciente.” La vieja idea de Peabody es cada día más nueva y más vigente. El uso indiscriminado y exagerado de la tecnología médica incrementa la brecha entre doctor y enfermo, descuida los significados del término cuidar y merma, en aras del glamour y de los incentivos económicos, la lealtad hacia el enfermo, principio inequívoco de la profesión médica.
Otros problemas no menos importantes afloran cuando los doctores, en lugar de escuchar a los enfermos, solicitan exámenes ad nauseam, ya sea para esconder su incapacidad, para enriquecerse o para seguir los dictados de las grandes industrias y corporaciones hospitalarias. No es infrecuente, sobre todo cuando se realizan sin razones justificadas, que esos estudios causen daño –iatrogenia– o que se encuentren alteraciones que nada tienen que ver con el problema del enfermo y que seguramente serán motivo de nuevos exámenes y de la participación de más doctores en el estudio del enfermo. No en balde Molière utilizó en El enfermo imaginario su fina ironía: “¿Qué necesidad hay de cuatro médicos si con uno es suficiente para matar al paciente?” La espiral diagnóstica, aupada por las ofertas tecnológicas, puede no tener fin y sus resultados no ser necesariamente los adecuados.
La tecnología no es ni buena ni mala. Es neutra. Su uso debe ser racional y correcto. La ética aplicada a ella y al enfermo es inmejorable antídoto contra el mal uso que se le da y conciencia para impedir que la tecnología le gane la carrera al humanismo. La presión que ejercen quienes producen tecnología ha devenido en nuevas patologías que buscan convertir al sano en enfermo, a los síntomas en enfermedad y a los poco enfermos en muy enfermos. Regresar a los orígenes de la profesión no implica alejarse de las bonanzas de la medicina. Implica tratar y ocuparse de la persona y no de la enfermedad, porque, al igual que Phileas Fogg, viajero incansable, la obligación del médico es descubrir lo que siente la persona y no lo que dicta la tecnología médica. "
Según: Arnoldo Kraus de www.letraslibres.com
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